Y de repente, sin motivo alguno, decides que basta, que toca dejarse llevar, aprendes a diferenciar lo que merece la pena de lo que no, y comprendes que debes alejarte de todo aquello que no te hace feliz, admitir que ya ha sido suficiente, dejarlo todo atrás y mirar hacia delante, siempre hacia delante, que el tiempo vuela, respirar, reír, vivir, dejar de preocuparte, porque quien no te valora te pierde, porque sólo deja de doler cuando deja de importarte. Así de simple.
