Pongamos las cartas sobre la mesa, o te quedas o te vas. Pero antes de que digas nada deberías saber que soy de extremos, que no tengo término medio ni remedio, que actúo por impulso y que suelo equivocarme, que odio las mentiras, de todo tipo, incluso las piadosas, que no tengo paciencia y que me fallan las formas, que mis palabras salen de mi boca antes de pensarlas y que cambio de opinión cada dos minutos y diecisiete segundos, que nunca me he arrepentido de nada, ni pretendo hacerlo, que soy un desastre en todos los sentidos, empezando por el desorden de mi habitación y acabando por lo que pasa por mi cabeza, que lo dejo todo para mañana y que en realidad no soy tan valiente como me gustaría.
Pero aún así, mis enfados son efímeros, paso del caos más absoluto a la completa felicidad en cuestión de segundos, odio rendirme por algo que me importa, siempre llevo una sonrisa puesta aunque detrás se esconda la tristeza personificada, perdono lo imperdonable y me la suda lo que piensen los demás, eres afortunado si sabes más de la mitad sobre mi porque créeme que pocas personas son capaces de conocerme a la perfección, una vez que me entiendas no será muy complicado que sigas por donde voy, y sobre todo, ser fuerte es algo que nunca me falla.
Si te quedas, que sea dándolo todo. Si te vas, te olvido. Fácil.
