Lo odio, sí, porque no me gustan otros besos que no sean los suyos, ni mis labios quieren rozar otro cuerpo que no sea el de él. Mis manos no pueden recorrer más que sus curvas y hasta mi corazón prefiere su cuerpo al mío. Lo huelo en cada persona que pasa por mi lado y mis ojos se cierran para dejar a mi mente volar libre a su recuerdo, aunque luego se inunden y la presión en mi pecho sea insoportable, como si alguien estuviese exprimiendo mi corazón y el pobre ya no pudiese dar más de sí, luchando todos los días por mantenerse en pie.Y aquí sigo yo, queriéndote cada día más, proporcionalmente a lo que tu me vas olvidando, bipolar y masoca. Y no
Te quiero a ti.